lunes, 30 de marzo de 2020

¡Ustedes son formidables!

Eran las 8 de la tarde, momento de gran emoción colectiva, cuando todos salimos a aplaudir y a trasladar ánimos a nuestras gentes, a nuestros “héroes”, asomado al balcón observé a tres policías, dos hombres y una mujer, que venían y se pararon para aplaudir, los vecinos que estábamos en las ventanas aplaudíamos, los conductores del bus, subieron y se liaron a bocinazos, una señora que bajaba con dos perritos  se puso a aplaudir,…la imagen impresionaba, todos nos reconocíamos,  unos aplaudían a otros, era una gran comunión de humanidad.
Cuando aplaudíamos, mi pensamiento  se fue a un programa de radio que escuchaba de niño con mi familia, eran los años 60 y no había TV. Lo dirigía   Alberto Oliveras y se llamaba “Ustedes son Formidables”, y nos convocaba a grandes retos de solidaridad  para salvar a personas en situación de extrema gravedad.  Cada vez que lo conseguíamos un enorme satisfacción social nos embargaba.
Vaya por delante nuestro dolor por todas las personas fallecidas y solidaridad con sus familias y en este contexto de tragedia, hoy nos volvemos a reconocer como país y comenzamos agradeciendo a médicos y personal  sanitarios, seguimos por los policías municipales, autonómicos,  nacionales, a los guardias civiles  y  UME, a farmacéuticos, voluntarios de apoyo,  agricultores… no me caben en el articulo  todos los que habría de mencionar, toda nuestra gente de heroicidad  diaria que nos reconocemos en un compromiso que nos humaniza
Hace unos días, comprobé que unos amigos policías salían sin la protección indispensable frente al virus maligno y ante mi pregunta  me contestaron que “no ha lugar, debemos hacerlo,  es nuestra responsabilidad, nuestro compromiso”. Era la evidencia de un deber que pone la profesionalidad al servicio de la condición humana, que hace emerger de los uniformes a personas que tienen por norte, mucho más que combatir este virus mortal y  es asumir,  salvar vidas humanas.

Señores agentes, amigos y compañeros, ¡¡Ustedes son Formidables!!

Esteban Ibarra
Presidente de Movimiento contra la Intolerancia
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sábado, 28 de marzo de 2020

Las mujeres en prisión: la discriminación del sistema penitenciario en España

En las cárceles españoles hay 46.544 hombres y 3.830 mujeres. Ellas son un 7,6% del total sobre las que recaen serias carencias frutos de una sistema penitenciario concebido para hombres.
Menos delitos, más entre rejas. Esta es la conclusión que se obtiene del Informe sobre la situación de las mujeres presas. Tratamiento y derechos de las mujeres privadas de libertad en los centros penitenciarios de España y Andalucía, elaborado por la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA).
Aunque este dato no aparezca tal cual, sí que ha sido trasladado por el colectivo al Congreso de los Diputados, donde el Partido Nacionalista Vasco tenía pendiente presentar en una Proposición No de Ley hace varias semanas, antes de que  la crisis del coronavirus estallara.
“Nuestro sistema penal es especialmente duro con las mujeres. Si lo comparamos, las penas privadas de libertad con los delitos cometidos entre hombres y mujeres se observa que en proporción las mujeres son condenadas más a prisión que los hombres”, asegura Francisco Miguel Domínguez Caparrós, coordinador de cárceles de la APDHA.
Lo que no se ve y no se cuenta, es como si no existiese. Eso es lo que le ocurre a las mujeres presas en España. Muy pocos estudios hablan de su situación dentro de las cárceles y menos aún, de la “discriminación indirecta del código penal” que afecta en el ámbito penitenciario, social y personal de cada una de ellas
En primer lugar, en Andalucía solo hay una cárcel específica para mujeres, la de Alcalá de Guadaira en Sevilla, y en el resto de España tan solo dos más. Por tanto, en la mayoría de los casos son encerradas en módulos para hombres con otras mujeres independientemente del delito que hayan cometido, a diferencia de los hombres, para quienes sí existe una diversificación.
“Esto es importante porque, en teoría, una de las principales funciones de la cárcel es, con muchas comillas, la reinserción social, pero al distribuirse en un mismo espacio físico a las mujeres que han cometido delitos muy diversos, ese trabajo de reinserción y de educación queda en papel mojado”, apunta Domínguez Caparrós.
En cuanto a lo social y personal, “la cárcel es una institución que reproduce y amplifica los mecanismos de discriminación que ya existen en nuestra sociedad. Si nuestra sociedad es machista y patriarcal, la cárcel reproduce esos mismos esquemas”, asegura el coordinador.

Para ellas, costura. Para ellos, cocina

Esto se ve en unas formaciones que responden a los roles sexistas de la sociedad: para ellas, talleres de costura, y para ellos, de cocina. Aunque las mujeres en prisión demanden otras temáticas “la falta de recursos económicos y disponibilidad del personal, el centro penitenciario se niega a ofrecer otro tipo de distribución o de oferta formativa
El reproche y la culpa social, no solo jurídica, también recae sobre los hombros de las mujeres, dejando eclipsado que en “un 80% de los casos, la mayoría de las que están prisión, han sufrido algún tipo de violencia machista”, concluye.
Según el informe de APDHA, en 2017 el 83% de las personas en prisión cumplían condena, el 14% estaba en prisión preventiva, mientras que el resto, el 3%, cumplía medidas de seguridad o se trataba de personas condenadas con causas pendientes en situación de prisión preventiva.
Pero para las mujeres los datos no son los mismos: en cifras relativas, las mujeres están en prisión preventiva un 15% y los hombres, el 14%, debido “al modo de determinar el tiempo de la condena del delito, que en el 70% de los casos de las mujeres corresponden a delitos leves ligados a la salud pública y el patrimonio para conseguir dinero en situación de extrema necesidad“.
Esto reafirma la teoría del estudio: “Nuestro sistema penal y penitenciario es siempre más duro con las mujeres que con los hombres”, sentencia Domínguez Caparrós.
En España, hay 59.398 personas presas, según este informe. Andalucía, al ser la comunidad autónoma con mayor número de población y mayor número de centros penitenciarios, alberga a 13.716, la mayor del de todo el Estado. En total, 943 mujeres están en la cárcel, lo que representa un 7,3% del total de la población presa en Andalucía. El perfil de las mujeres presas suele coincidir: la exclusión social, es decir, carencia en derechos fundamentales como la educación y la sanidad, empleos y viviendas dignas.

Atención sanitaria y maternidad: un agujero negro en prisión

La otra asignatura pendiente en prisión es la cobertura médica. Los problemas de salud mentad prevalecen más en las mujeres que en los hombres, debido al nivel socioeconómico, situación personal y familiar, a lo que hay que sumar la mirada crítica constante de la sociedad. Por ello, “el consumo de psicofármacos es mayor en ellas”, aclara el coordinador. Sin una buena estabilidad psicológica, los problemas aumentan.
Uno de los grandes reproches de la mayoría de las mujeres que entrevistó la APDHA para este informe, ha sido la dificultad para acceder a una atención sanitaria especializada, y en particular a los servicios de ginecología que “en la mayoría de los centros no existe, ni cabe la posibilidad de trasladar a las mujeres desde el centro penitenciario al hospital, ni siquiera atendiendo a las recomendaciones del Consejo de Europa que ha barajado en más de una ocasión que en las prisiones haya personal sanitario de ginecología”, apunta Domínguez.
En este informe, la maternidad no pasa desapercibida: “Lo que decimos es que hay que evitar por todos los medios que madres con menores entren en prisión. Esto solo se consigue otorgando mayores medidas de libertad condicional, con tercer grado, facilitando un régimen de libertad en lugar de la privación de libertad”, explica.
Sin embargo, siguiendo las recomendaciones de la Unión Europea, el sistema penitenciario en España, permite autorización del menor con la madre hasta los tres años si se considera que es la mejor alternativa, pero APDHA destaca que “existen muy poquitos recursos para ellas y en los últimos años ha habido un retraimiento en cuanto al gasto de unidades de madres con menores en prisión por parte de instituciones penitenciarias” y recoge que el 80% de las mujeres presas son madres.

Un sistema racista

“Una de cada tres mujeres en la cárcel es extranjera”, explica que el coordinador a partir de los datos recogidos en el informe, donde comparan esta “hipercriminalización”, ya que según datos de APDHA, “las mujeres extranjeras representan un 10,49% del total de mujeres de la población en general”.
Si algo llama también la atención son los datos del Defensor del Pueblo Español en 2018: el 93,6% de las detenciones realizadas en Andalucía se hicieron en virtud de la Ley de Extranjería. Una cifra que atiende tanto a mujeres como a hombres y que coincide con uno de los picos más altos de llegadas de personas migrantes en situación administrativa irregular, debido a la falta de vías seguras, y pasaron directamente un máximo de 72 horas en los denemidos CATE (Centro de Atención Temporal para Extranjeros). “Esto que muestra que España no tiene un sistema de acogida, sino un sistema generalizado de detención de personas”, recalca Domínguez Caparrós.

Por una reinserción real

El coordinador de cárcel de APDHA lo tiene muy claro: “La mejor reinserción es que no existiera la prisión. Todas las reformas que se han hecho en el Código Penal han sido para endurecerlo más cuantitativamente, con el aumento del numero de años de prisión, y cualitativamente, al número de lo que se considera delito año tras año, desde el 1995 hasta el 2019 con la última reforma”.
Por eso, es muy contundente cuando señala que “solicitar que se cumpla el articulo 25 de la Constitución, que es donde se recoge la reinserción social, es algo súper radical ahora mismo. Hay que ir más allá. La reinserción social es insuficiente, hay que encarnar una sociedad libre de prisiones y sistemas represivos”.
Entre las propuestas de APDHA, para el cumplimiento de los derechos de las personas privadas de libertad y en concreto hacia las mujeres, “considera imprescindible” que en todas provincias existan plazas de mujeres específicas, en la misma dotación que los hombres, separar según los delitos, fomentar medidas alternativas antes de entrar en prisión, medidas especiales relacionadas con la maternidad, evitar que los menores entren en prisión, así como un tratamiento no sexista en las actividades y en las formaciones de las personas presas.
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Martina en línea, Lucía desconectada: la brecha escolar que marca el coronavirus

Uno de cada tres alumnos no puede seguir las clases virtuales porque no tiene ordenador o Internet en casa, según datos de CC OO


Son las nueve de la mañana y empieza el día de la marmota en casa de Martina González, en Soto del Real. Los madrugones se han paralizado porque, ahora, si algo sobra es tiempo. O no tanto. Porque Martina, de 15 años, no está de vacaciones, como tanto le han recalcado desde que dejó de ir al instituto el 11 de marzo. Por eso intenta mantener su rutina, desayuna junto a su hermana Clara, de 12 años, y su madre y a las 10.00 en punto se conecta al ordenador, un agujero negro del que ahora, en tiempos de coronavirus, le cuesta salir a lo largo del día. Las clases se concentran ahí. Las dudas. Las respuestas de sus profesores. Y los deberes. Muchos deberes. Todo pasa dentro de ese rectángulo, aunque de una manera más lenta de lo normal porque los docentes, al otro lado, sufren la ley del embudo y no pueden responder de forma instantánea.

Martina, dentro de lo que cabe, tiene suerte. Vive en una familia de clase media que cuenta con tres ordenadores en el hogar, con un padre bombero y una madre orientadora escolar de excedencia, por lo que puede estar con ella para apoyarla en este trance escolar desconocido al que un millón y medio de alumnos en la Comunidad de Madrid se tiene que adaptar.

 A 35 kilómetros y medio de la casa de Martina, se encuentra la de Lucía Reguero, de 13 años, en San Sebastián de los Reyes. También intenta mantener una rutina, pero con dificultades añadidas. Se levanta a la vez que su hermano, Mario, desayuna y rellena el tiempo con lo que puede hasta que llega su madre, a mediodía. No tienen ordenador en casa, así que solo puede conectar con el mundo académico cuando el único móvil de esta familia de tres llega a casa.

 Adela Reguero, madre soltera, se va todas las mañanas a limpiar los portales de su barrio. Lo hace porque no puede perder el único sustento de su familia. En estos tiempos, además, su trabajo se ha convertido en uno de los más preciados, por lo que Adela se va cada mañana con su teléfono en el bolsillo, la única herramienta con la que cuentan Lucía y Marío para mantener la tensión escolar. La esperan y, cuando llega, comienzan una carrera contra reloj para no perder comba con sus compañeros de clase.

El antagonismo de Martina y Lucía para seguir las clases virtuales se repite una de cada tres veces. Según datos de CC OO basados en el último informe PISA, un tercio de los estudiantes madrileños sufre de pobreza y esto, entre otras cosas, se ve reflejado en la falta de medios: sin ordenador o Internet, la asistencia a clase se complica.

En una entrevista con Onda Madrid esta mañana, el consejero de Educación y Juventud, Enrique Ossorio, ha admitido que un 3,5% de los alumnos madrileños no puede seguir las clases impartidas a distancia “por falta de medios”. No obstante ha tildado de “positivo” el balance de la primera semana y media de cierre de los centros escolares a causa del coronavirus.

“Mi hija se deja los ojos todas las tardes para ver a través del móvil lo que le mandan sus profesores”, cuenta Adela Reguero, madre de Lucía, preocupada porque su hija, “una niña muy responsable”, sufre por no poder mantener el ritmo. Cuando llega a casa, a mediodía, le quita el teléfono de las manos e intenta descifrar esquemas, notas, problemas… “Se desespera y yo le digo que ya se pondrá al día, que no pasa nada. Pero se agobia mucho”. Tanto, que cada noche se le hacen las tantas sentada en su escritorio con el móvil en la mano. Algo que, además, cuesta dinero.

Al problema tecnológico de Lucía, se le une el aluvión de tareas que los alumnos han recibido durante el confinamiento. Los datos son contundentes. El consejero de educación, Enrique Ossorio, los puso este domingo sobre la mesa: El 93% de los centros educativos utilizan ya el Teletrabajo. 25.000 profesores usan la plataforma Educamadrid y 23.000 docentes las aulas virtuales. Y lo más llamativo: al día, profesores y alumnos se intercambian 2.064.000 correos.

El ritmo es frenético. Pero no todos lo pueden seguir. “Si la familia al completo está confinada y teletrabajando hay que tener en cuenta el número de dispositivos para poder saber si se está garantizando la igualdad de oportunidades y el derecho a la educación de todos”, argumenta Isabel Galvín, de CC OO. De hecho, asegura, el profesorado está apoyando al alumnado con dificultades mediante llamadas telefónicas o a través de Whatsapp, pero dar clases así es complicado. “Se lo dijimos al Consejero, es necesario que en las medidas de apoyo a las familias en esta crisis se garantice la conectividad de todas las familias, sin exclusión, con un bono social para wifi y facilitando un soporte donde puedan hacer las tareas. Es el equivalente a sus libros de texto”.

Los docentes no dan abasto. Con la plataforma Educamadrid algo saturada, se las han ingeniado para llegar a sus alumnos por cualquier vía, hasta el punto de que su jornada laboral se ha extendido tanto, que a veces responden a horas intempestivas. Tanto, que hasta los alumnos que sí tienen los medios adecuados acaban frustrados. “Hay que encontrar el equilibrio. Los docentes se sienten responsables y no quieren que pierdan coba”, explica Elena Hernández, madre de Martina. “Pero es imposible intentar mantener el mismo ritmo de antes. Yo a mis hijas les digo que paren un poco. Porque no les da casi tiempo a hacer algo de ejercicio, a aburrirse o a jugar… En las familias ahora hay una carga de estrés importante con lo que está pasando y si los chicos siguen así no será bueno”.

Esteban Álvarez, presidente de la Asociación de directores de institutos de la Comunidad de Madrid (Adimad) confirma esa inquietud. “Los padres nos han hecho un llamamiento de socorro. Y los directores hemos pedido a los docentes que nos relajemos todos. Si no se puede dar todo, no pasa nada, el año que viene se reajusta. Ya lo hemos hecho con alumnos que han estado temporadas sin clases por enfermedad. Por otro camino se llega a donde hay que llegar”.

Ossorio, por lo pronto, ya ha reconocido que la administración ha tenido que comprar más servidores para que EducaMadrid pueda hacer frente a tanta actividad. El tráfico que había antes de que se suspendieran las clases en la plataforma era de 748.000 gigabytes y ahora alcanza los 2,4 terabytes. “Se ha multiplicado por tres”. También hay empresas como Microsoft que han ofrecido ayuda gratuita y la administración ha dado autonomía a los centros para que utilicen la herramienta que más cómoda les resulte. Lo que está claro es que algo ha cambiado. “Yo creo que va a ser una experiencia sin retorno. Nos hemos acostumbrado a utilizar métodos a distancia, videoconferencias, y esto no tiene marcha atrás”, augura el consejero. Sin embargo, un tercio de los estudiantes no puede seguir ese ritmo. Lo sufre ahora. Y lo sufrirá.

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viernes, 27 de marzo de 2020

“Quédate en tu casa” (Canción Oficial @YoMeQuedoEnCasaFestival - Oficial )


“Quédate en tu casa” es el himno oficial del #YoMeQuedoenCasaFestival, un tema creado entre La Pegatina, Alba Reig (Sweet California), Álvaro Soler, Andrés (DVicio), Arnau Griso, Bely Basarte, Carlos Sadness, Dani Fernández, David Otero, Funambulista, Ivan T. (Efecto Pasillo), María Peláe, Mr. Kilombo, Rayden, Roi Mendez, Sofía Ellar y Tato Latorre.
No te pierdas la tercera edición del festival este fin de semana (26, 27 y 28 de Marzo). Sigue al festival en:
https://www.yomequedoencasafestival.com/

Save the children advierte de un posible aumento de violencia contra los niños durante el confinamiento

La organización Save the Children ha advertido este viernes de que el confinamiento, necesario para frenar la propagación del Covid-19, "puede provocar un aumento en los casos de violencia contra la infancia". Por ello, ha pedido a la Generalitat que refuerce las medidas de prevención, detección y actuación.

hGears for Save the Children | hGears
Las "circunstancias de incertidumbre y reclusión afectan de manera significativa a la salud de las familias y todo ello provoca que se disparen emociones como el estrés o la ansiedad, que dificultan la convivencia y pueden derivar en distintas formas de violencia contra los menores de edad", ha explicado la ONG

Además, ha hecho hincapié en que el confinamiento puede agravar la violencia machista, que "afecta también a la infancia" y "muchas veces se ejerce delante de los niños y niñas". En este punto, se ha referido al último asesinato machista ocurrido en la localidad castellonense de Almassora, en el que un hombre supuestamente ha matado a su pareja de 35 años delante de los dos hijos menores de ambos.

En este caso, según ha incidido Save the Children, "el confinamiento ha hecho que maltratador y la víctima y sus hijos permanecieran en el mismo espacio". "Con este caso son cuatro los niños y niñas huérfanos en lo que va de 2020 por culpa de la violencia de género", ha lamentado la ONG.

Este tipo de violencia tiene graves consecuencias en el desarrollo y bienestar de sus hijos e hijas, que "sufren síntomas depresivos, miedos, alteraciones del sueño, regresiones, problemas de socialización y de integración en la escuela y asumen roles parentales de protección hacia sus hermanos menores o su madre. Entre quienes han presenciado el asesinato de su madre, la vivencia les ocasiona un enorme trauma", ha detallado Save the Children.

VIOLENCIA SEXUAL E INTRAFAMILIAR

La institución también ha señalado que otros tipos de violencias que "puedes empeorar estos días de confinamiento y que ya muestran cifras preocupantes son la violencia intrafamiliar o la sexual".

En 2018 se interpusieron al menos 846 denuncias por maltrato intrafamiliar en las cuales la víctima era un niño o una niña, mientras que se registraron 818 denuncias por delitos sexuales a menores en 2018, ha destacado.

Save the Children ha indicado además que las redes sociales e internet es otro de los entornos en los cuales "los niños y niñas más expuestos están a la violencia, un espacio en el que los menores van a pasar más horas debido al confinamiento". En 2018 se interpusieron en la Comunidad Valenciana 329 denuncias por delitos en la red que tuvieron como víctima a un niño o niña, ha explicado.

"Nos preocupa que estas cifras aumenten, y que muchos de los casos no salgan a la luz, ya que se estima que tan solo un 15% son denunciados. Ahora más que nunca debemos recordar que el uso de la violencia contra la infancia es intolerable, ya sea de manera física, verbal o psicológica. Como personas adultas, debemos apoyar y cuidar a los niños, niñas y adolescentes durante este periodo de confinamiento y prevenir, detectar y actuar frente a cualquier indicio de violencia", señala el director de Save the Children en la Comunitat Valenciana, Rodrigo Hernández.

Con un aumento de la conectividad, se incrementan las posibilidades de que niños y niñas puedan sufrir distintas formas de violencia online, como el ciberacoso o el sexting sin consentimiento.

CENTROS DE MENORES

En otros contextos, como los centros de menores o de protección, la falta de información junto al confinamiento, pueden generar estrés y malestar a los menores y desembocar en un incremento de la conflictividad entre ellos. Esto mismo puede ocurrir si se restringen las visitas como medida de prevención contra el coronavirus, añade Save the Children.

Por todo ello, Save the Children ha pedido a la Generalitat que refuerce las medidas de prevención, detección y actuación ante la violencia para los profesionales que en esta crisis siguen trabajando con niños y niñas.

Concretamente, en los centros de menores y de protección, la ONG pide que los profesionales estén "formados en educación positiva, adaptada a su contexto, y que se garantice el contacto de los jóvenes con sus familiares, una medida que contribuye a su bienestar". Además, urge a que estos espacios tengan materiales de protección ante el contagio, como mascarillas y guantes.

Save the Children insiste en que es "fundamental que, en esta emergencia, se dote de herramientas de crianza positiva a las familias para evitar casos de maltrato infantil, violencia sexual y violencia de género, y demanda el refuerzo del teléfono de atención a la infancia de la Comunitat Valenciana (116111)".

En este aspecto, la organización ha señalado que "se debe garantizar la continuidad del trabajo de servicios sociales y de protección, así como habilitar canales de denuncia para niños y niñas adaptados a esta situación de aislamiento".

CAMPAÑA DE SAVE THE CHILDREN

Para apoyar a las familias más vulnerables en la emergencia sanitaria y económica provocada por el coronavirus, Save the Children ha puesto en marcha la intervención #ATuLado, que se centra en el acceso a una alimentación básica, el refuerzo escolar y la atención individualizada de profesionales para paliar los efectos del aislamiento, la incertidumbre y el estrés.

La ONG ha abierto una línea de atención psicoterapeútica online para estas familias y sus trabajadores ya están atendiendo al bienestar emocional de los menores con pautas a sus padres y madres sobre crianza positiva, en estas condiciones tan extraordinarias como las que supone el confinamiento domiciliario.

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jueves, 26 de marzo de 2020

Guía de actuación para mujeres que estén sufriendo violencia de género en situación de permanencia domiciliaria derivada del estado de alarma por COVID-19

La violencia de género no es un problema privado, es una violación de derechos humanos que incumbe a toda la sociedad, especialmente a los poderes públicos. Por eso, en esta situación de estado de alarma, con las dificultades que añade el aislamiento en los hogares y el cierre de muchos servicios, desde el Ministerio de Igualdad queremos informar a todas las mujeres que puedan estar sufriendo violencia de género de las acciones de prevención y respuesta que siguen en marcha, especialmente si se trata de situaciones de emergencia.
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El virus del edadismo: el coronavirus y la discriminación de los mayores

La discriminación de las personas mayores es un fenómeno casi global.

Las cifras no dan tregua. Ya son más de 40.000 los infectados en España por coronavirus, según las últimas cifras oficiales. Dada la carestía de pruebas diagnósticas, es de suponer que son muchos más. Y, de todos ellos, los grupos de riesgo más vulnerables son personas mayores y/o con patologías previas. Ambos grupos constituyen casi la práctica totalidad de los casos de mortalidad, que se cifran en casi 3.000 casos solo en nuestro país. Al mismo tiempo que estoy escribiendo estas líneas, seguramente el número total de infectados y fallecidos habrá ya aumentado. Pese a ello, el objetivo de este artículo no es centrarme en las cifras, a las que todos tenemos acceso continuamente, sino en las personas y, en concreto, a la discriminación por edad (fenómeno conocido como “ageism” en inglés, “edadismo” en la jerga científica española) que ha permitido que nuestros mayores sean, una vez más, el grupo más vulnerable. 
El virus del edadismo: el coronavirus y la discriminación de los
ARMAN ZHENIKEYEV VIA GETTY IMAGES
La discriminación de las personas mayores es un fenómeno casi global que ha marcado la cultura occidental desde tiempos inmemoriales. Los grandes héroes de la épica clásica, desde Ulises a Eneas, han sido (varones) jóvenes. Cuando recordamos las conquistas de Alejandro Magno, recientemente recreadas en películas de Hollywood como Alejandro, lo imaginamos joven, sobre todo porque la esperanza de vida en esa época era muy baja (de hecho, Alejandro murió a la edad de 33 años). Es cierto que en tiempos recientes, a medida que se ha alargado la esperanza de vida a nivel global, han aumentado exponencialmente las películas y teleseries sobre gente mayor, tales como Cocoon, en los años ochenta, o NebraskaCuando menos te lo esperas (con Diana Keaton y Jack Nicholson) o El método Kominsky (protagonizado por Michael Douglas), en fechas más recientes. El hecho de que la mayoría de estos productos culturales sobre personas mayores sean comedias habla ya de por sí del tratamiento superficial que se ha dado popularmente a este colectivo. Una y otra vez, nuestros ancianos han sido estereotipados bien como dementes inofensivos, bien como simpáticos abuelos que viven los mejores momentos de su vida. Las imágenes de envejecimiento “activo”, es decir, alejadas de cualquier tipo de discapacidad física o mental, dominan en cualquier caso. En otras palabras, ser mayor es socialmente aceptado y aceptable siempre y cuando uno no lo parezca (recuérdense los habituales anuncios de clínicas estéticas prometiendo “vencer” el envejecimiento y alcanzar la juventud eterna a través de innumerables tratamientos y cirugía estética). 

La discriminación de las personas mayores es un fenómeno casi global que ha marcado la cultura occidental desde tiempos inmemoriales.
Pese a ello, las dramáticas imágenes de residencias de ancianos que vemos estos últimos días en directo en televisión nos sumergen en un indeseado baño de realidad que perturba indudablemente nuestras imágenes binarias y estereotipadas de los mayores. Lo que estamos viendo diariamente desde nuestras casas no son a personas mayores sanas y felizmente enamoradas, como en la película de Jack Nicholson, sino solas y asustadas, víctimas de una enfermedad que les ha sido transmitida a menudo por personas jóvenes, muchas de las cuales protestamos por nuestro confinamiento mientras encendemos Netflix para ver el siguiente episodio de El método Kominsky. Por no hablar del abandono que han sufrido en algunas residencias, donde a las deserciones del personal de las mismas se unen los macabros hallazgos de algunos cadáveres de ancianos fallecidos durante más de 24 horas. Mucho me temo que, como nos repite incesantemente el epidemiólogo y médico de urgencias Jesús Candel, todavía no hemos entendido nada. El confinamiento al que nosotros nos vemos abocados durante unos días, o incluso meses, es solo una muestra del confinamiento y discriminación social a la que nuestros mayores se ven sometidos de forma habitual, día tras día. En España, para centrarnos en nuestro país (si bien los datos son extrapolables, con apreciaciones, al resto del planeta), muchos de nuestros espacios y actividades siguen segregados por edad. La mayoría de discotecas y salas de fiesta segregan habitualmente por edad; los gimnasios reservan espacios y actividades concretas para “séniors” (eufemismo prestado del inglés); las excursiones de la IMSERSO están exclusivamente destinadas a jubilados. Lo mismo ocurre con los centros de día y las residencias para “personas mayores”. Algunas actividades recreativas como el bingo o el mus se asocian con ellas casi inconscientemente. 
En los años sesenta del siglo pasado, la activista afroamericana Rosa Parks se sentó en la parte delantera de un autobús, desafiando así la segregación racial que relegaba a las personas de color a los asientos traseros del transporte público. Ello marcó el inicio del movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, que, con figuras como Martin Luther King y Malcolm X, finalmente puso fin, al menos legalmente, a la separación forzosa entre blancos y negros en los Estados Unidos. Esta segregación no ha terminado aún en el caso de la edad. Pese a las evidentes relaciones intergeneracionales entre jóvenes y ancianos, el inconsciente colectivo sigue estableciendo una división entre “ellos” y “nosotros”. La vejez, como dijo Simone de Beauvoir en un libro del mismo título, simboliza el espejo de un futuro en el que nadie quiere verse reflejado. Todo ello deriva en una inevitable invisibilización y, cuando menos, infantilización de nuestros viejos (sí, ¿qué hay de malo en serlo?), resultando en una actitud a menudo condescendiente hacia ellos. 
Se estigmatiza a los mayores como una carga para nuestras sociedades.
Por si todo esto fuera poco, se les acusa recurrentemente de egoísmo, de monopolizar el sistema sanitario y de querer “robar” el futuro de los jóvenes con sus abultadas pensiones. Se les estigmatiza, en otras palabras, como una carga para nuestras sociedades. Haríamos bien en recordar que, pese a sus míseras pensiones, los ancianos han representado el único ingreso y sustento de muchas familias durante los peores años de crisis económica. Ocurrió con la crisis financiera de 2008 y podría ocurrir nuevamente, si evitamos contagiarlos, con la recesión que sin duda se avecina después de esta pandemia. Representan igualmente uno de los principales “apoyos” para el cuidado de los menores y dependientes de muchas hogares. Y, ante todo, no lo olvidemos, la forma en que los tratamos determinará, en gran medida, la manera en que nosotros mismos seremos tratados por las generaciones más jóvenes. En la República, Platón ya nos recordaba que es en la vejez cuando el ser humano desarrolla más plenamente sus virtudes morales, tales como la prudencia y la sabiduría, proponiendo pues delegar el gobierno de Atenas en los filósofos más ancianos. La gerontocracia defendida por Platón, sin embargo, está necesariamente relacionada con su superioridad intelectual y moral, que, según él, derivará directamente de la instrucción en la virtud moral ofrecida a todo ciudadano desde su más temprana edad. Dicho de otro modo, los jóvenes deberán instruirse desde el principio virtuosamente, lo que incluye necesariamente el respeto a la mayor experiencia de los ancianos, quienes, a su vez, confiarán en ellos el futuro gobierno de la polis
¡Qué vacías parecieran hoy estas palabras! Mientras escribo estas líneas, se publica en la portada del El País que las UCI darán prioridad a los enfermos que tengan más “esperanza de vida” si se colapsan. Seguro ya se imaginan a quiénes se refiere… Si bien ninguna guía menciona explícitamente la edad como criterio para decidir quién entra en cuidados intensivos y quién no, la guía ética de la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc) especifica que, ante dos pacientes similares, se deberán “priorizar la mayora esperanza de vida con calidad”. No hace falta ser adivino para entender que con ello se sugiere una más que probable eutanasia y eugenesia social, destinada a sacrificar a nuestros mayores si hace falta en aras de las generaciones más jóvenes y sanas. El momento presente exige, pues, altura de miras. Se nos ha repetido hasta la saciedad que debemos quedarnos en casa puesto que todos somos potenciales portadores de un virus que, sin embargo, no ataca a todo el mundo por igual. Habitualmente, la solidaridad intergeneracional ha funcionado de arriba abajo, es decir, de mayores hacia jóvenes. Ya es hora de empezar a revertir esta situación. Luchar contra el coronavirus implica necesariamente luchar contra otro igualmente extendido y agresivo, altamente letal y extremadamente contagioso, silencioso y peligroso: el “virus” del edadismo. 
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