lunes, 6 de abril de 2020

Movimiento contra la Intolerancia denuncia a la Generalitat por evitar los ingresos de pacientes de más de 80 años contagiados por el COVID-19

Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, autor de la denuncia contra la Generalitat.
Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia (MCI), en nombre de esta asociación ha denunciado al Departamento (Consejería) de Salud de la Generalitat de Cataluña por la implementación de la llamada “Guía de la Generalitat para sus sanitarios de Emergencias” en la que recomienda a sus sanitarios de emergencias evitar ingresar a pacientes de más de 80 años, con síntomas coronavirus, en los hospitales.
MCI considera que tales indicaciones encajan en la tipificación establecidad para los delitos cometidos contra la integridad moral, del artículo 173 del Código Penal; de la omisión del deber de socorro, del 195 y 196 del mismo Código; y de odio, del 510.1 y 511, que protegen la dignidad de la persona, una cualidad innata a todo ser humano por el mero hecho de serlo y en tal condición no puede ser objeto de discriminación, como expresión del derecho a la igualdad reconocido en el artículo 14 de la Constitución, y así se lo ha hecho saber a la Fiscalía General del Estado en su denuncia.
El texto sobre el que se basa la denuncia habla de «evitar ingresos de pacientes con escaso beneficio, ya sea por patologías respiratorias por el COVID-19 u otras patologías que condicionen el estado crítico».
La consigna lanzada a los sanitarios de emergencias es la de priorizar el ingreso en las Unidades de Cuidados Intensivos de aquellas que tienen más posiblidades de vivir.
Desde el punto de vista de MCI, el mensaje de dicha guía daña la dignidad de todas las personas de edad avanzada por razón de enfermedad o discapacidad, genera discriminación, y menosprecia su integridad moral por dejarlos privados del auxilio sanitario establecido en nuestro ordenamiento jurídico.
Además, contraviene la protección que la Constitución Española otorga a todos los ciudadanos.
La existencia de la mencionada Guía del Departamento de Salud, que dirige la consejera Alba Vergés, fue ampliamente cubierta por la prensa.
Y criticada: “El Govern aconseja en un documento no ingresar en la UCI a mayores de 80 años”, publicó 20 Minutos. “La Generalitat pide que no se ingrese en la UCI a mayores de 80 años”, Público. “La Generalitat recomienda evitar ingresos de pacientes de más de 80 añso en las UCI”, La Verdad. “La Generalitat prioriza las UCI para los pacientes con más posibilidades de vivir”, Diario Sur. “Medicina de Guerra en Cataluña: la Generalidad aconseja morir en casa”, Libertad Digital. Y “Sanitarios catalanes cuestionan las restricciones ante el coronavirus: ‘No voy a dejar que nadie muera en casa'”, El Mundo
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domingo, 5 de abril de 2020

El doble confinamiento de jóvenes trans rechazados en casa: «Es inhumano»


El doble confinamiento de jóvenes trans rechazados en casa: «Es inhumano»
VIVIR
Broncas, aguantar que les llamen por el nombre que les pusieron al nacer, reproches por ir a por hormonas, faltas de respeto... la obligación de convivir en familia por el coronavirus es un polvorín
  
Para muchos, la familia es estos días nuestro único refugio. Ya no tenemos a mano a los amigos, ni a los compañeros de trabajo... En sólo tres semanas, nuestra rutina se ha desmoronado y se ha tenido que reconstruir entre las paredes de nuestro hogar, que durante un tiempo aún por determinar –ay, qué dura es esa incertidumbre– va a ser nuestro fortín, nuestro lugar seguro. Pero las cosas no funcionan así para todo el mundo. En estos momentos, quienes tienen mala relación con sus familiares están pasando las de Caín. Imagínense, las 24 horas compartiendo unos metros cuadrados con el 'enemigo'. Es lo que les pasa a algunos jóvenes transexuales rechazados por sus padres y madres y hasta por sus hermanos.

En estos casos, el encierro se llena de broncas, reproches y golpes bajos como el de llamarles por el nombre que les pusieron al nacer, sin tener en cuenta su realidad... Los métodos más o menos refinados de 'tortura' son infinitos, pero todos caben dentro de una vivienda. «Estar confinado con gente que te hace daño (porque el rechazo de quien se supone que debe querernos incondicionalmente es seguramente el más doloroso) resulta muy destructivo», resume Marcos Ventura, al frente de la coordinación del grupo trans de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB). Según explica, para algunos llega a suponer «una condena inhumana», ya que ni siquiera pueden recurrir al apoyo cercano de su grupo de amigos.

«Estar confinado con gente que te hace daño (porque el rechazo de quien se supone que debe querernos incondicionalmente es seguramente el más doloroso) resulta muy destructivo»

Falta de privacidad
Estos días, estamos leyendo muchos artículos bienintencionados sobre cómo aprovechar este paréntesis de nuestras vidas para estrechar la relación con los nuestros. Entonces, ¿no es un buen momento para que se abra un diálogo en casa y algunos padres y madres que no aceptan la transexualidad recapaciten? El planteamiento queda muy bien en los libros de 'mindfulness', pero no resulta en absoluto realista. «Es muy difícil que las posturas cambien de la noche a la mañana. Además, el confinamiento da lugar a situaciones de estrés, especialmente si hablamos de familias que tienen pocos espacios privados, y esta tensión no parece la más adecuada para un entendimiento», aclara Ventura.

Mané Fernández, vicepresidente de FELGTB y psicólogo, cree que el periodo posterior a la cuarentena tampoco va a ser un camino de rosas: «Cuando todo esto pase, nos podemos encontrar con menores o jóvenes que necesiten apoyo psicológico para tratar las consecuencias de este encierro. No podemos olvidar que lo que están sufriendo es violencia psicológica».

Raquel y Clara, dos jóvenes transexuales víctimas de este rechazo familiar, nos cuentan cómo están sobreviviendo a estos días. Lo hacen por ordenador, ya que ni siquiera pueden permitirse que sus padres las oigan hablar de este tema. Por miedo. Para evitar un conflicto. Este martes tuvieron que pasar el Día de la Visibilidad Trans calladas y metidas en su cuarto. «¡Qué ironía!», dicen.


Raquel, 22 años
«Mi madre no lo acepta, insiste en que una 'secta' me ha lavado el cerebro»
«Soy Raquel, tengo 22 años y vivo en un barrio de Madrid. A los 6 años ya notaba que había algo en mí que no encajaba, que no era como los demás chicos... y con el paso del tiempo empezó a rondarme la idea de que yo debería haber sido una chica. Hasta mi adolescencia no supe ponerle nombre a 'aquello'. Cuando descubrí lo que eran las personas trans, las piezas empezaron a encajar, pero tenía una visión de esta realidad muy distorsionada y tardé años en aceptarme: lo dejé correr y pensé que ya se me pasaría con el tiempo, pero evidentemente no fue así.

En mi familia solo lo saben mis padres y mi hermano, que no lo aceptan, y dos primos que sí. Al principio mi madre decía que me apoyaría, incluso me regaló una falda y unos pendientes de clip. Sin embargo, con el tiempo cambió radicalmente de opinión e insiste en que estoy confundida y que digo que soy trans solo por moda. Con este panorama familiar, el confinamiento es complicado, ya que me hacen continuamente 'deadnaming' (llamar por el nombre que le pusieron al nacer) y 'misgendering' (referirse con otro género a una persona trans). Además, los momentos de bajar a la farmacia a por las hormonas son horribles, porque mi madre me hace sentir mal diciendo que eso no es importante en estos momentos.

Debido a la actitud de mi familia, me he ido de casa alguna vez después de una discusión fuerte... Pero ahora no puedo, claro. La última vez que lo hice, al volver, mi madre me llamó Raquel (es la única vez que lo ha hecho) y dijo que intentaría aceptarme, pero que le costaría. Esto fue un viernes. ¡Y ese mismo domingo volvió a decirme que estaba confundida y que me estaba equivocando!

Me gustaría que esta cuarentena sirviese para que mi familia aceptase mi realidad, pero sé que eso no va a pasar. Asistimos a terapia familiar, hablaron con mi psicólogo y fuimos a una asociación LGTB, pero nada de eso sirvió para que me comprendieran. De hecho, antes del confinamiento iba a un grupo de jóvenes LGTB y mi madre considera ahora que eso es una 'secta' donde me han lavado el cerebro».

Clara, 21 años
«No hablo con mis amigas por temor a que me oigan, mi casa no es segura»
«Soy una chica trans y me llamo Clara, tengo 21 años y vivo en la periferia de Madrid. Me di cuenta hace casi tres años de que el género que me habían asignado al nacer no era el mío. Sin embargo, es algo que no puedo exteriorizar en mi familia debido a lo conservadores que son. Mi madre ya sabe que soy bisexual y lo lleva mal, porque es de este tipo de personas homófobas que dicen no tener problemas con la gente que no es hetero mientras 'no hagan exhibicionismo ni proselitismo'. Es decir, que para ella no está mal no ser hetero, pero sí cualquier forma de expresarlo. Os podéis imaginar lo mal que le sentó saber que en su familia había alguien así. Mi padre es aún peor, cree en teorías de la conspiración como que la comunidad LGBT+ y el feminismo son invenciones judías hechas para atacar a la raza blanca impidiendo que tengan hijas (o, mucho más importante para él, hijos). Además es muy controlador y verbalmente agresivo (aunque nunca ha llegado a las manos). Así que mi casa no es para nada segura para mí... ¡Y lo sería aún menos si saliera del armario! Por eso no pienso decirles que soy trans hasta que sea económicamente independiente.

Y con el confinamiento... Pues se están creando aún más fricciones entre mi padre y el resto de la familia, ya que lee muchas teorías de la conspiración respecto al virus y esto le hace alterarse mucho, creando una ira que descarga sobre nosotras gritándonos a la hora de las comidas. De hecho, varias veces durante este confinamiento se ha enfadado conmigo por no querer comer postre (ya que, como me muevo menos, tengo menos hambre), diciendo que soy una «artista del hambre» y que «presumo de lo poco que como». Esto es absolutamente falso, un ataque directo.

Pero fuera de esos momentos no llevo mal el confinamiento. He conseguido hacer una rutina de estudio, ejercicio y leer/ver series o películas que hacen que este periodo esté siendo más llevadero. Chatear con amigas con las que estoy fuera del armario también ayuda muchísimo, pero no puedo hacer llamadas ni videollamadas por temor a que me escuchen mis padres».

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EN DEFENSA DE NUESTROS MAYORES Y DE LOS MÁS VULNERABLES

COMUNICADO DE LA PLATAFORMA CONTRA LA DISCRIMINACIÓN POR EDAD

La grave crisis sanitaria que vive España está poniendo a prueba nuestra capacidad para hacer frente a la pandemia debido a la insuficiencia de recursos sanitarios, y está poniendo a prueba también la fibra moral de nuestra sociedad. Nuestro deber es responder a esta crisis de un modo éticamente coherente con los principios que inspiran nuestra democracia y nuestra Constitución y la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Dichos principios proclaman ante todo la igual dignidad de la persona y el derecho a la vida, un derecho que tienen por igual todas las personas, sin que admita valoraciones basadas en circunstancias personales, como puede ser la edad. Como consecuencia de esa valoración igualitaria de toda vida humana, nuestra sociedad y nuestras instituciones dan prioridad y ofrecen servicios especiales de apoyo a las personas que sufren alguna discapacidad y en general a los más vulnerables.
La pandemia del coronavirus está castigando a las personas según un patrón de edad, hasta el punto de que entre los de edad más avanzada el efecto de la enfermedad está siendo devastador. Lamentamos que en estos momentos cruciales haya quienes proponen que se utilice la edad como criterio para decidir a quien se ayuda a sobrevivir y a quien se deja morir. Todo ser humano tiene derecho a la vida sin que su edad, sea cual sea, se pueda usar como criterio para darle preferencia sobre otra o para denegarle su derecho a vivir. Así lo ha entendido el Comité de Bioética de España en las pautas que ha hecho públicas para orientar a los profesionales de la salud cara a las situaciones de triaje a que puedan verse obligados a hacer frente en el presente contexto de pandemia.
A esas pautas también nos adherimos las organizaciones que formamos parte de la Plataforma contra la Discriminación por Edad, y pedimos y exigimos que los responsables de las instituciones sanitarias ajusten escrupulosamente sus criterios de actuación a dichas pautas del CBE, y que informen debidamente al personal a su cargo, sin permitir en ningún caso que la vida de una persona pueda quedar a merced de criterios individuales que, por falta de la debida información, recurran a la edad como concepto para decidir sobre el derecho a vivir de un paciente.
Por ello, pedimos al Gobierno y a las autoridades sanitarias que se garanticen los derechos consagrados en la Constitución y, en especial la defensa de las personas más vulnerables como son las que sufren algún grado de discapacidad o las de edad avanzada.

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Adela Cortina: “La sociedad va a cambiar radicalmente después de esta crisis”

La filósofa augura que habrá “un antes y un después” y advierte: “O sacamos los arrestos éticos o muchos quedarán en el camino”

Adela Cortina: “La sociedad va a cambiar radicalmente después de esta crisis”
Adela Cortina (Emilia Gutiérrez)
“Tenemos que sacar todos nuestros arrestos éticos y morales y enfrentarnos al futuro con gallardía, porque si no mucha gente va a quedar sufriendo por el camino, y a eso no hay derecho”, advierte la filósofa y catedrática de Ética, Adela Cortina, ante la pandemia de coronavirus.
En una entrevista con la Agencia EFE, asegura que la sociedad va a “cambiar radicalmente” después de esta crisis, va a haber “un antes y un después” de ella, y afirma que para poder salir delante se va a necesitar toda “la capacidad moral” y todo el “capital ético” de cada uno.

“Plantearnos el futuro y elegir unidad o disgregación”

La catedrática de Ética de la Universitat de València destaca que los seres humanos tienen ahora que plantearse el futuro y decidir qué quieren: si una sociedad unida en la que trabajen todos juntos para que la gente esté mejor, o una marcada por la separación y el ir “unos contra otros”.

“Si elegimos el conflicto, la polarización y la disgregación, se nos irá todo al traste y sufrirá todo el mundo, desde los más vulnerables, por supuesto, pero también los más poderosos”, asevera.
“Si nos damos cuenta de que lo importante es estar unidos, porque las personas lo merecen y porque tenemos que trabajar juntos, nos irá muchísimo mejor”, sostiene Cortina, quien insiste que todo depende de la libertad de elección de cada persona y asegura que “hay mucho margen de maniobra” por parte de todos.

“Cultivar la solidaridad y las buenas costumbres cada día”

Insiste en que la solidaridad, la justicia y las buenas decisiones “se cultivan”, y eso va conformando un “carácter” en los pueblos y las gentes. “Nunca es tarde para empezar”, asegura Cortina, quien iprecisa que el coronavirus ha dado lugar a “brotes de solidaridad”, pero hay que ver cómo se actúa cuando no haya una “amenaza constante”.
“Nos estamos jugando mucho cada día, aunque solo nos acordamos de todas estas cuestiones en momentos de grandes amenazas, de grandes catástrofes o de grandes guerras: en esos momentos pensamos que habría que hacer las cosas mejor”, sostiene.
La catedrática de Ética reivindica que no hay que esperar a que haya una “desgracia rotunda” para darnos cuenta de que la humanidad “viviría mucho más feliz y mucho más contenta, y todos podrían salir adelante y seguir son sus planes de vida” si en cada ámbito de la vida social se trataran se alcanzar los fines por los que existen.
“A ver si aprendemos que, igual que el campo hay que cultivarlo día a día para que las plantas crezcan, nosotros también tenemos que cultivar las buenas costumbres, las buenas aspiraciones y hábitos y los grandes ideales en cada momento, no solamente cuando aparece una catástrofe aterradora”, afirma.

“No hemos aprendido nada de la crisis de 2007”

Cortina destaca que siempre se dice que hay que convertir las crisis en oportunidades de crecimiento, pero se teme que de la crisis económica de 2007 “no hemos aprendido nada”.
“Veo (tanto en la ciudadanía como en la política) las mismas actitudes de antes, el mismo jugar al día, a la baza más cercana, nunca pensar en el medio y largo plazo”, afirma la filósofa, que añade: “no se trata de hacer una jugada corta”, sino de “construir el futuro, que es algo muy amplio”, cada día.
Pero confía en que se aprenda de la crisis actual, por un motivo: “después de la catástrofe vamos a vernos con tal cantidad de retos y de problemas por resolver que, como no lo hagamos con ese pensamiento del medio y largo plazo va a quedar muchísima gente por el camino, en la cuneta”.

“Las empresas tienen que ser éticas en los ERTE”

La también presidenta de la Fundación Etnor (Ética de los Negocios y las Organizaciones Empresariales) defiende asimismo que en estos momentos las empresas “tienen que ser éticas, por supuesto que sí”.
”Si hay empresas que aprovechan este momento para eliminar puestos de trabajo de una manera que no es en absoluto necesaria, eso es una inmoralidad impresionante, y una buena empresa no lo hace”, alerta.
Adela Cortina afirma que, en este momento, seguir con un puesto de trabajo es “fundamentalísimo para la vida de las personas” y eso “una empresa ética lo tiene en cuenta”. Las que “despiden a gente sin ninguna necesidad” son “malas empresas”, añade.
Y concluye que lo mismo se puede aplicar a la política: “la que no se preocupa del bien común es una mala política, además de inmoral”.
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sábado, 4 de abril de 2020

«He recibido comentarios negativos de la gente por ir a la compra con el niño»

Rebeca González es madre soltera y no puede despegarse de su hijo de 16 meses. «Si voy a bajar la basura, tengo que ir con él»

Rebeca González juega con su hijo Lucas, de 16 meses, en su casa./
Rebeca González juega con su hijo Lucas, de 16 meses, en su casa.
El cierre de guarderías, colegios e institutos y después el confinamiento ha complicado el día a día de muchas familias, pero el malabarismo resulta especialmente duro cuando se es madre o padre soltero. Para ellos, no hay posibilidad de dejar a los niños en casa cuando salen a hacer alguna de las actividades permitidas durante el estado de alarma, entre ellas, ir al supermercado a hacer la compra, a la farmacia o bajar a tirar la basura. Fue en uno de esos trayectos cuando a Rebeca González, madre soltera, comenzaron a increparle por ir acompañada de su hijo Lucas, de 16 meses.
«Salía a hacer la compra y empecé a recibir comentarios negativos de la gente, también de las personas que estaban atendiendo, que a ver qué hacía con el niño fuera de casa. Fueron momentos de tensión, sobre todo el primer día de estado de emergencia. A veces intento salir antes de trabajar para ir a hacer la compra yo sola pero no siempre puedo. Además se dan muchísimas situaciones en las que yo no puedo dejar a mi hijo solo, si tengo que bajar la basura, tengo que ir con él también. La gente está muerta de miedo, es difícil para todos, por eso soy flexible y procuro con educación explicar mi situación. Si entro a discutir el conflicto se va a hacer aún más grande y no compensa», señala sorprendida de que sean los ciudadanos quienes le sermoneen.
«El otro día me paró la policía volviendo de trabajar con Lucas en el coche, les di las explicaciones de mi situación y no me dijeron absolutamente nada», relata.










El encierro ha puesto a todos a prueba, cumpliendo a rajatabla el tópico de que las crisis sacan lo mejor y lo peor de cada uno. Sin embargo, lo que a esta madre le quita el sueño de verdad estos días es caer enferma. Sin otro adulto en casa en el que apoyarse tiene que «seguir al pie del cañón» cuidando de su hijo pequeño. «La semana pasada estuve con gripe, fiebre… y no pude parar ni un segundo, no entiende que estás mala y para él es como cualquier otro día. Es una situación que me da respeto y en la que intento no pensar», comenta esta vecina de Astigarraga, que en «unas semanas» espera mudarse a Donostia después de terminar la reforma del piso.
«Antes se quedaba mi padre con el niño pero por miedo al contagio le cuida una chica hasta que salgo de trabajar»
Antes de que se decretara el estado de alarma echaba mano de la ayuda de su padre –los socorridos abuelos para tantas y tantas familias–, pero fue una opción que ni siquiera barajó cuando estalló la crisis del Covid-19. «Solía dejarle con mi padre por las mañanas mientras yo iba a trabajar pero es grupo vulnerable frente al coronavirus y descarté la idea desde el principio. Hay que minimizar riesgos», se explica esta mujer, que tuvo que buscar un plan B de la noche a la mañana al ver que sus redes de apoyo se acotaban. Ante la imposibilidad de teletrabajar, ha contratado a una canguro para que se haga cargo de Lucas mientras ella acude a su puesto en el polígono 27 de Martutene, hasta las 15 horas, lo que también supone un desembolso económico imprevisto. «Como mi hermano también tiene un hijo de la misma edad se quedan los dos con una chica», comenta aliviada por haber resuelto la 'papeleta'. Las cuentas, mejor para otro día.

Hora del juego

Cuando recoge a Lucas, quedan largas jornadas de juegos y entretenimiento por delante, pero en tiempos de coronavirus las horas parecen avanzar más despacio para todos. «Antes estábamos toda la tarde en el parque, jugando al aire libre y ahora, al estar metidos más tiempo en casa se nota el cansancio, se hace duro», reconoce Rebeca, consciente de que pasar el rato con un bebé supone todo un desafío. No poder echar mano de juegos de mesa, recetas para cocinar, del teléfono –el 'juguete' del momento– o de una sesión de peli con palomitas reduce las posibilidades a la pintura de dedos y poco más.
«Lo que más miedo me da es caer enferma porque tendría que seguir ocupándome sin descanso de mi hijo»
Algunas familias se están preguntando por qué una persona con perro puede salir a la calle para pasear a la mascota mientras que los padres no deben salir con los hijos, sin embargo, no queda otra que armarse de paciencia. «Yo al menos tengo suerte relativa, porque salgo a trabajar y puedo desconectar algo pero los fines de semana son las 24 horas con él... Quiere jugar y jugar, no me deja descansar y agota». Tareas domésticas, baños, cuentos, biberones... Ese es el problema que se están encontrando muchas madres solas, encerradas en casa con los niños, que no tienen otra persona adulta al lado con la que repartirse su cuidado mientras no se levante el confinamiento. Al menos, en esta batalla contra lo inimaginable salen a soñar al balcón, donde esta madre le cuenta a su hijo que cuando todo acabe se marcharán juntos de viaje. «Nos iremos unos cuantos días en medio de la naturaleza, a respirar aire en la calle y no pisar la casa».
Como familia monoparental ha aprendido que el tiempo es oro y tiene que aprovechar que su bebé se ha quedado dormido. Esos ratos los emplea para preparar comidas, ver su serie favorita o simplemente disfrutar del silencio.
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El coronavirus no puede usarse como excusa para atacar a las minorías

El COVID-19 no solo ataca la salud, también exacerba la xenofobia la exclusión y el odio, asegura un experto en derechos humanos, que alerta de los políticos que usan las minorías como chivos expiatorios y piden a los Estados que las protejan, garantizando sus derechos, incluidos el acceso a los servicios de salud y la información sobre la pandemia.
UNMISS/Isaac BillyDoctores toman la temperatura de una mujer desplazada en Sudán del Sur.










El coronavirus COVID-19 no solo representa una pandemia de salud, sino que está intensificando la xenofobia, la exclusión y el odio, advirtió este lunes el relator especial* de las Naciones Unidas sobre cuestiones de las minorías, Fernand de Varennes.
"La explotación de los temores relacionados con COVID-19 por parte de grupos y políticos como chivos expiatorios de las minorías está provocando un alarmante aumento de los abusos verbales y físicos contra los chinos y otras minorías, y a algunos incluso se les niega el acceso a la atención sanitaria y a la información sobre la pandemia", indica un comunicado emitido por el relator.
El experto en derechos humanos advirtió que las informaciones que recibe sobre agresiones físicas a personas asiáticas, los discursos de odio acusando a las minorías de propagar el virus o los políticos que solicitan denegar el acceso a los servicios de salud a los migrantes "muestran que los Estados deben insistir urgentemente en que se protejan los derechos humanos de todos, en particular de los más vulnerables y marginados".

Migrantes, personas con discapacidad, indígenas

Varennes expresó su preocupación por los llamados a denegar el acceso a la atención médica a los migrantes indocumentados y ante la ausencia de información sobre la pandemia en los idiomas de las minorías, entre ellos los lenguajes de signos.
"Los más vulnerables del mundo suelen ser los últimos en la fila en recibir apoyo.
Por eso, advirtió que millones de personas, especialmente de minorías y pueblos indígenas, pueden quedar excluidos de los mensajes de salud pública "más importantes en varias generaciones".
"Los más vulnerables del mundo suelen ser los últimos en la fila en recibir apoyo. Por consiguiente, la comunidad internacional y los Estados deben colaborar estrechamente para informarlos, ayudarlos y protegerlos. Ello incluye comunicarse con ellos en sus propios idiomas, siempre que sea posible, para transmitir eficazmente la información y la atención de salud pública vitales, así como aplicar medidas para su protección contra el maltrato físico y la incitación al odio".
El relator destacó que todo el mundo puede ayudar a combatir este tipo de discriminación contra las personas asiáticas u otras minorías usando las etiquetas #IAmNotAVirus o #YoNoSoyunVirus en sus mensajes en las redes sociales.

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La relatora especial de la ONU para las Cuestiones de las Minorias, Rita Izsak Foto; OHCHR

El coronavirus y las personas privadas de libertad

Por su parte, el Subcomité de las Naciones Unidas para la Prevención de la Tortura** publicó una serie de recomendaciones para los Gobiernos sobre cómo proteger a las personas privadas de libertad en prisiones, recintos de detención de migraciones, campos de refugiados cerrados y hospitales psiquiátricos durante la pandemia de coronavirus.
Entre las medidas se incluye:
  • evaluar la posibilidad de liberar a los reos menos peligrosos mediante planes o estrategias de excarcelación temprana, provisional o temporal
  • examinar todos los casos de prisión preventiva
  • ampliar el uso de las fianzas en todos los casos excepto en los de mayor gravedad
  • revisar y reducir la detención de migrantes y los campos cerrados para refugiados.
Asimismo, indica que tanto ese grupo poblacional "como las personas en cuarentena y en entornos cerrados, sus familias y todo el personal deben recibir información confiable, precisa y actualizada respecto de todas las medidas".
El presidente del Subcomité, Malcolm Evans, destacó que ante los problemas de hacinamiento o de salud en las cárceles u otros centros de privación de libertad hay que actuar de manera inmediata.
Por ese motivo, "los Gobiernos tienen que tomar las medidas de precaución necesarias para evitar la expansión del contagio, e implementar medidas de emergencia para asegurar que los detenidos tengan acceso a niveles apropiados de atención médica y puedan mantener el contacto con sus familiares y con el mundo exterior".
Debido a la pandemia de coronavirus el Subcomité tuvo que posponer su visita a Madagascar prevista para mayo.
*Los Relatores Especiales forman parte de lo que se conoce como los Procedimientos Especiales del Consejo de Derechos Humanos. Procedimientos Especiales, el órgano más grande de expertos independientes del sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas, es el nombre general de los mecanismos independientes de determinación de hechos y monitoreo del Consejo que abordan situaciones específicas de países o cuestiones temáticas en todas partes del mundo. Los expertos de los Procedimientos Especiales trabajan con carácter voluntario; no son funcionarios de las Naciones Unidas y no reciben un sueldo por su trabajo. Son independientes de cualquier gobierno u organización y prestan servicios a título individual.
**El Subcomité para la Prevención de la Tortura monitorea la observancia de los Estados partes al Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura, que hasta la fecha ha sido ratificado por 90 países. Se compone por 25 integrantes, que son expertos independientes en derechos humanos provenientes de todo el mundo, quienes sirven en su capacidad individual y no como representantes de Estados partes. El Subcomité tiene el mandato de realizar visitas a Estados durante las cuales puede visitar cualquier lugar donde pueda haber personas privadas de libertad.
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