jueves, 28 de mayo de 2020

Cuatro personas asaltan una vivienda por una bandera republicana en el balcón

Los agresores entraron en la casa, donde había cinco personas, y agredieron a dos de los moradores

Javier Cuesta, agredido por tener una bandera republicana en el balcón de su casa de Granada, ha añadido una española tras el incidente.
Javier Cuesta, agredido por tener una bandera republicana en el balcón de su casa de Granada, ha añadido una española tras el incidente.FERMIN RODRIGUEZ

El 16 de mayo, tras la muerte de Julio Anguita, Javier Cuesta decidió homenajearlo colgando en su balcón una bandera republicana. Ahí seguía una semana después cuando tras concluir la manifestación diaria de la ultraderecha en el centro de Granada un joven decidió orinarse en la puerta, justo debajo del balcón y la bandera. El sobrino de Javier, de 23 años, se percató del hombre que orinaba y le dijo que se fuera. Comenzó entonces una trifulca que acabó con Javier Cuesta y su sobrino en el hospital con hematomas y roturas varias y con una denuncia contra cuatro asaltantes por un posible delito de odio y agresión.


En la vivienda de Javier Cuesta, de dos plantas, residen estos días cinco personas. El propio Javier, de 40 años, sus padres, de 80, un sobrino de 23 y la madre de este, hermana de Javier. El sábado, Javier y su sobrino habían terminado de organizar una habitación cuando el primero se fue a duchar y su sobrino –alguien a quien “no le gusta precisamente la bandera republicana” según cuenta su tío– se entretenía en el balcón. Ahí fue cuando vio al hombre orinando. Le reconvino y bajó a la calle a decirle que se fuera. Comenzó una pelea que el joven dio por concluida al ver que a su contrincante se unían tres personas más que paseaban con él y que estaban unos metros más allá. El sobrino, con miedo, se metió en la casa y cerró la puerta.

Javier, músico y trabajador en el sector de la maquinaria de hostelería, estaba a punto de ducharse cuando oyó los gritos de su padre y de su hermana, que estaban en la planta baja, la de la entrada a la vivienda. Los cuatro intrusos y agresores –“de alrededor de treinta años, vaqueros, polo blanco y uno de ellos con un reloj Lotus que perdió en la trifulca”, narra Cuesta– habían pegado una patada en la puerta y buscaban al sobrino, que se había refugiado en su habitación. Mientras unos echaban la puerta abajo del dormitorio, otros se habían metido en el salón. Allí se encontraron con los padres de Javier, uno de ellos con principio de Alzheimer, que no entendía lo qué estaba pasando. Nadie lo entendía, realmente.

El ruido hizo que Javier bajara corriendo –“pensé que nos estaban robando”, dice Cuesta– y tres de ellos ya estaban camino de la calle. Se topó con el cuarto justo a la bajada de las escaleras. Allí le espetó: “¿Qué hacéis, qué queréis?”. Se enzarzaron en una pelea que pasó de la entrada de la casa a la calle. Allí se unieron los otros tres asaltantes. “Se liaron a puñetazos y patadas conmigo. Un golpe en el estómago me tiró al suelo. Ahí siguieron dándome patadas. Pensé que me moría, que no iba a volver a ver a mis hijos ni a mis padres”, relata Cuesta. “Sinceramente, creo que he resucitado porque creía que me mataban. Si no salen mis padres a ver qué pasa y con el ruido salen los vecinos, no sé qué hubiera sido de mí”.

Javier nunca consiguió que le respondieran a la razón del asalto. Fue su sobrino el que le recordó la bandera. “¿Por qué si no en nuestra puerta, con lo vacía y larga que es la calle? Es la única que tiene algo diferente”, dice Cuesta que le dijo el sobrino. Tras la agresión, los amigos le recomendaron que fuera al hospital. Allí estuvo hasta pasadas las cuatro de la madrugada. Necesitaba que lo curaran y que le dieran un parte de lesiones. Y ahí consta: Politraumatismo y luxación del meñique derecho. A ello suma varias puertas rotas en su casa.

El lunes, Javier Cuesta tuvo de volver a un centro de salud porque le aparecieron nuevos moratones y necesitaba un nuevo parte de lesiones. Con ello, el lunes por la tarde presentó una denuncia en el juzgado de guardia por un presunto delito de odio y agresión contra los asaltantes, que no han sido detenidos aún porque en la mañana del martes aún no había llegado la denuncia a la policía y no había comenzado, por tanto, ninguna investigación. Fuentes de la fiscalía, no obstante, explican a este periódico que, a partir del relato del denunciante, no hay un nexo directo entre la bandera y la agresión, por lo que, explican, “parece inicialmente un incidente de seguridad ciudadana absolutamente lamentable que será investigado bajo la supervisión del servicio de delitos de odio por si aparece dicho motivo de actuación”.

El martes por la mañana, la bandera republicana de Javier Cuesta sigue en el balcón. Le acompaña ahora una bandera española porque, como dice el agredido medio en broma, “si juega España contra Rusia, yo voy con España porque soy español”.

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